Matías De Stefano - Ghan


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MEMORIAS DE UN WIYUP

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PRIMERA PARTE

Sordo un pensar se hace en mí... Tron isqîss yam sdu…Una aparente “última muerte”... Spegol “?ay bub”…
“No habían pasado tantos años para mí, pero a la vez fue una eternidad. Había llegado aquel día que tanto esperé durante miles de años. Siempre recordaba aquel día que de pequeño pude oír en un documental la fecha que marcaba mi existencia. “Fueron los Mayas quienes con su gran intelecto para la astronomía, remarcaban el 12 del 12 del 2012 como la fecha del final de la era”, decían, y lo viví.Por su puesto no fue el final de los Mayas esta vez, puesto que ya lo fue cuando los españoles invadieron América el año 1492, a la que llamaron “Era del Jaguar”. No, esta vez era el tiempo de nuestro fin de era, la era de las metrópolis y las depravaciones sociales, aunque su fin no fue tan exacto como parecía que sería. Las palabras son fuente para los hechos, pero la ley de la que trama la cuántica no demandaba las funciones de la matemática.De a poco, a mis 14 años, sentí la influencia de energías que me prevenían de cosas que podrían llegar a suceder, de las cuales algunas sucedieron. Pero fue a los 16, cuando comencé a vivir los mensajes que desde arriba llegaban. Las nubes se ennegrecían, los terremotos, y lo peor, mi sentir. Sentir todo lo que me rodeaba era un suicidio duradero, puesto que sentía con detalle la furia o la tristeza de un amigo, el dolor de las masas, cuando una ciudad caía o vivía la guerra y el hambre. Mi dolor no era mensual ni semanal, era día a día, cada hora y minuto. Parecía soportar un yunque sobre la cabeza, sufría de sus dolores así como los del cuerpo, pero lo peor era cuando en furia, y furia ajena, mi sangre hervía, puesto que a cualquier hora del día, podía sentir fiebre sin tenerla.He pensado varias veces en darme muerte sin espera de que la Santa Muerte llegue ante mi rostro. Quería acabar con todo dolor y desesperación, pero no lo hice, y cobré fuerzas, logrando lo que me había propuesto. Pero no era lo exacto aquello que viví de lo que tendría que haber vivido según mis creencias, puesto que no tuve las fuerzas suficientes para ponerme firme y cambiarlo. Y aunque haya podido ser así, ya era demasiado tarde como para parar lo que ya se nos había venido encima y a lo que nadie había prestado atención. Recordaba a mi padre, quien al escuchar en los noticieros sobre los terremotos, decía: “eso pasa cada año, igual que con las inundaciones”, no obstante otros temas eran ignorados, como los asteroides.Conocí a mucha gente que era igual, y alguna mucho peor, que directamente se afirmaban a que Dios no existía. Tal vez no eran estas las peores, puesto que el no creer en Dios no es un pecado, sí es hacerlos creyendo en él. Pero así y todo, hay gente hoy, en mis viejos años de esta vida, que siguen pensando igual, y hay tanta gente en el mundo, que ni Jesús podría haber dado con tanta multitud. Ahora no hago más que sentarme a escribir, porque mis piernas sólo dan para caminar por mi viejo barrio. Miro por la ventana, esperando ver la luz del sol, mas con más ansias deseo el ver la luz de Dios, pero no descartaría el deseo de que cayera un asteroide en mi jardín en este mismo momento, y que acabara con migo, con la culpa de no lograr mi viejo cometido, pero con un cansancio de milenios sobre mi espalda.Mas, qué debo de decir, hablo desesperanzado, muerto en vida, con la consternación hasta el día de hoy de la necesidad de tener los amigos a mi lado y sentir el amor de todos. Temía que les ocurriese algo por roce de los dioses, más temía morir yo último, porque no soportaría con la carga de sus muertes. Por todo cuanto he sentido y sabido, me veo obligado a llevar una vida de tranquilidad en mis asuntos de humano normal, para no terminar en un loquero a mis 87 años por la carga que llevaría encima. Gracias además doy a Dios que desde que nací al dinero no comprendo, y gracias también a que dinero poseo, porque no podría siquiera pagar una cuenta de luz.El segundo día más esperado había llegado, el fin de esta vida…”


SEGUNDA PARTE
“Zàh·koyus chefy”(El fin del Antiguo mundo)

“...Era, creo, el año 7.496 en la ciudad de Shamsheelé, antigua ciudad de Ruhnilah, nombrada así por su faraón, Shaseelé, quien fue alguien muy revolucionario en sus tiempos, alguien que decía traer el buen futuro y bienestar al pueblo Gaíbty, cuando sólo era un tirano que para él, el poder era lo que había que salvar, ya que su lema dentro del reinado era "primero las riquezas, luego lo demás", por supuesto lo decía a escondidas; era alguien que decía que no importaba lo que pasase, siempre debían estar junto a él, y hacerle caso a la nueva religión en nacimiento. Decía que los sacerdotes, tenían nuevas formas de realizar el honor a los dioses, y que éste era cambiando sus nombres, la religión nueva se opondría a la antigua, porque decían que éstos los habían traicionado: _ Vean a sus alrededores hermanos míos -decía- vean el seco que se extiende en nuestras praderas, es un seco, que marca la estancia de los antiguos brujos, quienes nos dieron la espalda y nos están matando como a cabras; ¡nos hacen sufrir!- _ Permítame- agregó un anciano- pero no creo que los antiguos hallan querido eso para nosotros, nos están advirtiendo de...- _ ¡Silencio!, no debe levantarme el tono, viejo, ¡si alguien más se atreve a decir que la antigua religión nos ayuda, cuando sus hijos mueren de falta de agua, cuando ustedes mueren de hambre porque sus animales lo hacen, sus pastos, sus cosechas se secan o se ahogan por la crecida del sagrado Río, ¡¡quien desde hace tiempo no nos ayuda...!!, mi abuelo solía caminar por los prados en los que ahora hay cadáveres y tierra seca!!- _ Señor, si nos permite, la tierra seca significa la dureza mental que estamos obteniendo y los cadáveres señor, son nuestro reino.- _ ¡¡Mentiras!!, ¡todas mentiras!, desde ahora, implanto una ley, esta dirá que si alguien se atreve a mencionar a los antiguos, o la religión, morirá, y es una sorpresa el cómo.- Así entonces, la gente tuvo miedo hasta de hablar en sus casas, y muchos debieron olvidar sus rezos y rituales. El gobierno se volvía loco, en especial el rey. Los niños que nacían, comenzaron a sólo aprender de sus padres, ya que la escuela no estaba permitida para toda la población, porque la pérdida de tierras y riquezas, hacía que los menos propensos al aprendizaje, se retiraran a las minas o a trabajar, se hacía lo que el rey decía. Los adultos, debieron contenerse a las enseñanzas, todo un gran imperio, estaba en apogeo. No todos tenían en mente olvidar lo antiguo, mayormente los ancianos, se reunían en sus mismas casas, lo hacían para discutir el tema que el faraón estaba destrozando, pero así también había adultos, de entre treinta y cincuenta años, que se negaban a esas peticiones, pero lo que más hizo endulzar el corazón de los adultos, es que había niños de entre seis y quince años, que se preocupaban por recuperar su hermoso legado. Uno de ellos era Shabel, de siete años, que se preocupaba con puño en mesa, y lo demostró a sus padres, al salir siempre al pequeño patio, donde se acostaba y miraba al cielo, donde las estrellas antiguas se hallaban; él les hablaba y les pedía; más lo hacía cuando la luna se presentaba, hablaba horas con la vieja y olvidada Amún. Siempre observó el comportamiento de los adultos al hablar en silencio, y asistía a todas las reuniones a escondidas. A sus trece años, también aportaba sus opiniones, tenía el derecho, ya que la antigua religión lo permitía…”




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