Matías De Stefano - Ghan


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BIOGRAFÍA INCOMPLETA DE UN HUMANO

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“…Caliente y suave; me sostenía una mano entre el caliente y suave. Esa brillante luz, dejaba de ser magnánima, y lentamente se disipaba, desaparecía. Caliente y suave me rodeaban, oscuro y húmedo. Dejaba de elevarme, y sentía esa presión, presión que en un principio, se hacía insoportable, incandescente, como si fuese mi espalda recostada sobre un bracero, bracero que poco a poco se hacía mi dulce hogar. Recosté mi cabeza, y dormí, dormí sin saber cuánto tiempo mientras sujetaba mis manos casi sin tenerlas.Oía una voz, y oía una música. Esa dulce voz, que de vez en cuando reía, movía todo aquel cuarto como si Dios hubiese decidido que dejaría que sintiésemos cómo se mueve el mundo. Oía más voces, que de vez en cuando, me ponían en duda, como voces dentro de mi mente que retumbaban en todo aquel restringido espacio. Ya me sentía prisionero, e impaciente.La música se seguía oyendo de vez en cuando, momento en que el mundo no se me movía bajo los pies. Oía, como en voz muy baja, palabras una tras otra, sin diálogo, como si alguien estuviese contando un cuento al cielo. Pronto, me vi asfixiado, y lo decidí, ya quería salir… pero, ¿qué sucede? No hubo tiempo… no pude… y la luz, ya no era la misma…



4 de Agosto de 1987


Eran las tres y media de la tarde y ya me vi fuera, expectante y alucinado. Mareado, sin saber dónde estaba parado, con una presión que dejaba de serlo en cada momento, y un ligero dolor en mi pecho que me hacía esforzarme para… “respirar”.Entre toda esa confusión, vi a una persona que me sujetaba entre sus brazos, un hombre con enormes cristales en los ojos, quien, junto a una mujer vestida de blanco, me presentó ante tanta gente, que no pude reconocer a ninguno en esos primeros segundos. Hice el esfuerzo, pero mis ojos los veían algo nublados, y no reconocía tantos rostros humanos. Sí pude ver, de pronto, a quien acostada estaba, sujetada entre filtros traslúcidos que parecían otorgarle agua desde arriba. Nunca lo había visto. Ahí estaba, al fin, mi madre; era mi madre… ente maravilloso. Entre sus brazos, aunque desconcertado, me sentía tranquilo, en calma, protegido y en el debido lugar en el debido momento. Cuando estaba tomando calma, mis ojos volvieron a abrirse al pensar: “¿por dónde había salido?”. Normalmente deberíamos salir por abajo; pero yo no, nací por arriba, ¡por la panza! No me lo explicaba. ¿Qué hacían los parteros de hoy con las crías? De todos modos, me colocaron primero con mi madre, quien se veía agotada en la cama. Sonreía, bajo un cabello negrísimo, y entre blanca piel.Lo que me rodeaba, era extraño, invisible, pero me hacía sentir encerrado, me costaba moverme en él, era como si me estuviese ahogando. Lo sentía frío en la piel y me irritaba los ojos.Luego pude ver sus ojos, marrones; estaba cubierta hasta el cuello con una manta. Me dio de mamar; mi primer alimento. Se sentía plácido y caliente, podía, al fin, oír aquel latido que desde hacía tiempo venía oyendo y luego me vi ubicado en una cuna de plástico.
Mucha gente me vino a visitar, y repetían mi nombre, por lo que lo supe enseguida: Matías. Tenían razón, me nombraron como lo habíamos planificado. Los primeros días, me fue todo muy extraño, hasta organizar mi mente en el cerebro, me sentía algo incómodo por ello, aprender a moverme y a ver, cosas por el estilo, mucho de ese tiempo lo pasaba durmiendo, pero luego comencé a tomar conciencia, una vez que ya estábamos en nuestro hogar, al que yo ya conocía de antemano…




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